8 dic 2011

Una clave de sol muda




Un silencio empezaba a tomar forma tras aquella partitura inmaculada. Podía sentirse casi palparse pero no se podía ser consciente de la fuerza con la que entraría a escena. Con su aparición, el sonido se tornó helado, irreconocible y, sobre todo, intrigante porque las razones que habían llevado a tocar ese silencio se hallaban escondidas en una partitura en blanco.

En una simple pausa una larga melodía, que durante tanto tiempo se había estado tocando, perdió su orden, su voz, a la espera de que ese silencio indefinido y preponderante decidiera el punto en el que volver a dejar sonar o finalizar la pieza musical que con tanto esmero danzaba emitiendo un sonido mágico y embriagador.

Ahora mismo sólo puede oírse lejana la música de la nota negra, que sigue tocándose a sí misma porque no pierde la esperanza de que la nota blanca decida volver a formar parte de la partitura.

El silencio se irá tarde o temprano porque ningún músico puede tocar uno tan largo, de la misma manera en la que una melodía compuesta por dos seres no puede ser tocada por uno solo eternamente.

29 oct 2011

Ella.



Se fue y yo contemplé su silueta esfumarse como el polvo en el viento. A veces me parece verla rondar por los pasillos y escuchar su voz a través de las paredes, como cuando me llamaba para comer desde la cocina. A veces y sólo a veces siento que nunca voy a poder olvidarla.

Algunos días aún puedo sentir como su fragancia a rosa de mosqueta impregna toda la estancia, puedo imaginar sus tiernas sonrisas dibujarse en su rostro que se conservaba bello a pesar del paso de los años, puedo escucharla quejarse por la dura jornada del día y de los dolores fruto de la edad.

A veces y sólo a veces desearía tenerla delante para poder abrazarla y fundirme en su aroma inmaculado.

Era gruñona mas nunca llegó a perder esa gracia y alegría tan típicas en ella. Esa energía y coraje que trasmitía con sus palabras y que te hacían sentir que nada ni nadie podría derribarte jamás. Y es que ella era así, fuerte y valiente.

A veces y solo a veces tengo ciertos sueños e imágenes que preferiría no tener, porque el dolor no es un plato de buen gusto. Aunque lo mejor de los sueños es que, al despertar, puedes darte cuenta de que las personas que quieres no se han ido a ningún sitio, y que esas lágrimas que resbalan por tu rostro tras el despertar son fruto de algo irreal y es entonces, cuando puedes levantarte y dirigirte a su habitación para comprobar que todo sigue en su sitio y que su figura sigue yaciendo risueña y entusiasta en la cama, esperando el beso mañanero de sus seres queridos.

27 oct 2011

En una cama vacía




Me miró y me sonrió y a través de él sólo vi un fondo blanco. Sé que me quiere pero también sé que a veces eso no basta. Después de tantos y tantos y tantos años juntos aún sigo amándole, todavía puedo decir orgullosa que me tiemblan las rodillas y siento mariposas en el estómago cuando me roza o me besa. ¿Cuántas personas pueden decir eso? Sin embargo, parece no bastarle. Cuando nos hallamos en la cama sale despavorido al alba; puedo escucharle prepararse el café matutino, monótono y salir al jardín a bebérselo mientras ve salir el sol. Yo, mientras tanto, me quedo en la cama deseando que entre y se acurruque a mi lado, como hacia antaño.

Hay ocasiones en que en casa reina el silencio, y éste sólo se ve aplacado por otro peor. Se extiende por cada recoveco de estas cuatro paredes, se eleva y desciende ondulando sobre sí mismo, pero nunca sin olvidarse de dar esas bofetadas que te recuerdan que no es un sueño lo que se está viviendo. Ojalá fuera únicamente eso.

Las personas mantenemos esperanzas que nos ayudan a afrontar el día a día, aunque yo siempre he creído que existen dos tipos: las que dependen del destino y las que dependen del ser humano. Con las primeras podemos, casi con certeza, esperar que se cumplan porque el destino siempre termina por otorgarnos lo que justamente nos hemos ganado. El segundo tipo es más cruel y mezquino ya que te colma de ilusiones para luego estallarte en la cara y demostrar que nunca la raza humana dejará de ser egoísta. En mi vida exclusivamente he disfrutado de esta última.

Puede que peque en inocencia, porque soy consciente de que nada va a volver a ser como antes, mas deseo con todas mis fuerzas que algún día él vuelva a mirarme con ese fuego que despertaba la libido más desenfrenada que alguien pueda conocer, que me hacía sentir afortunada y viva. Aún anhelo esa caricia de buenos días que mañana tras mañana se deslizaba por mi rostro y me llevaba a posar mis ojos en su cara risueña, en sus profundos ojos grises, en sus labios finos y deliciosos.

Ahora, a pesar del paso de los años, que sólo tenemos los recuerdos de aquellas facciones inmaculadas que da la juventud, de esa pulcritud en nuestras figuras, puedo verle tal y como era aunque de esa época quedé un simple atisbo.

Posiblemente muera y mis esperanzas no se vean materializadas; sé que nunca me dejará, al menos me queda ese consuelo, ya que de hacerlo se quedaría tan o más solo que yo y supongo que tendrá miedo de morir en soledad. Mi muerte empezó su andadura cuando en su corazón y su alma mi nombre se desgravó y aunque me quedará sola aguantaría hasta mi último aliento porque aún conservo intacto mi amor y los recuerdos llenarían su ausencia.

Es curioso que día a día, en los quince minutos que él tarda en beberse su café matutino al alba, por mi mente ronden los mismos pensamientos, en el mismo orden y con las mismas silabas, quizás algún día mi esperanza pase a ser del primer tipo y el destino ponga mi camino lo que con tanto anhelo y esfuerzo creo merecer.

3 oct 2011

Miradas impertérritas y momentos de histrionismo





14:00 PM
Me dirijo al aeropuerto. Estoy realmente agotado, 48 horas de trabajo seguido es demasiado para cualquier individuo, incluso para mí, que no suelo quejarme de mi ritmo laboral. Amo mi trabajo, de verdad que lo amo, sin embargo, a veces desearía dedicarme a otra cosa. Tantas horas frente a la pantalla, reuniones inesperadas, miles de horas extras, aunque supongo que es el precio por ser un alto ejecutivo y por ganar el suelo que gano. Soy director publicidad y relaciones públicas de un emporio de la cosmética. Me llamo Yordan French y estoy a punto de cumplir 28 años.

14:30 PM

Me bajo del coche, sin esperar a que el chófer me abra la puerta, entro en el aeropuerto corriendo en dirección al mostrador de la compañía aérea, menos mal que viajo en clase Business y me ahorro la eterna espera para hacer el check-in.

14:45 PM

Un hombre pasado en kilos y años pasa por mi lado como alma que lleva el diablo y no se disculpa.

14:46 PM

Mismo hombre se resbala con un charco de un potingue marrón que hay en el suelo. Cae encima de la caja donde llevan a un perro del tamaño del Caballo de Troya. La puerta de la caja se abre con el golpe. Pobre hombre.

14:47 PM

Me alegro de que exista el Karma.

14:48 PM

Embarco por fin. Me compro un expreso y me siento a esperar a que sea la hora de subirme al avión.

14: 50 PM

Espero.

14:51 PM

Sigo esperando. Le doy un sorbo a mi café.

14:52 PM

El café estaba ardiendo. Me he quemado la lengua.

14:53 PM

Escozor. Sigo esperando.

14:54 PM

[ … ]

15:00 PM

Estoy dentro del avión, sentado al lado de la ventana. Pasa mujer con cara de pocos amigos y me mira de forma impertérrita.

15:01 PM

Misma mujer se sienta y me sigue mirando del mismo modo.

15:02 PM

El avión empieza a moverse. Me abrochó el cinturón y observo con atención al azafato mientras explica los pasos a seguir en caso de accidente.

15:04 PM

Ya en el aire. Saco mi libro de “La elegancia del erizo” y disfruto de una historia en estado puro. Me quedan pocas páginas. Vaticino un final atroz.

15:09 PM

Estoy indignado. Que final tan trágico y a la vez tan maravilloso.

15:09 PM

Después del momento indigno, llega el momento triste. Conmoción.

15:15 PM

Ya recuperado le pido un café al azafato: café con leche, muy cargado y con dos cucharadas y media de azúcar.

15:17 PM

Ya me han traído mi bebida. Servicio muy eficiente. Felicito al azafato.

15:25 PM

El avión empieza moverse deliberadamente. ¡Turbulencias! Grita mujer histérica de la mirada impertérrita. Parece que le tiene fobia a los aviones. Me regocija ese nivel de histrionismo.

15:26 PM

La miro de manera impertérrita. La mujer se da cuenta. Me devuelve la mirada mientras su cuerpo tiembla de forma incontrolada.

15:27 PM

Duelo de miradas impertérritas. Acabo de percibir algo de odio en su mirada.

15:28 PM

Otra turbulencia. La mujer se sienta, se agarra a los reposa manos y cierra los ojos. He ganado el duelo.

15:29 PM

Disfruto de mi victoria.

15:31 PM

Sigo disfrutando de mi victoria.

15:32 PM

Otra sacudida. Empiezo a sentir algo de preocupación por la situación.

15:33 PM

Mis temores se confirman. Accidente aéreo a la vista. Temores corroborados por azafato que sale a toda mecha por el pasillo pidiendo simultáneamente a los pasajeros que se pongan los chalecos salvavidas.

15:34 PM

Sensación de triunfo desaparecida. Miro de reojo a la mujer de la mirada impertérrita. Ahora la que goza es ella. Histrionismo esfumado.

15:35 PM

Histrionismo reaparece con una turbulencia más fuerte que las anteriores. Ahora el que agarra el reposa manos soy yo.

15:36 PM

El piloto manda mensaje alentador por el comunicador. Nadie parece escucharlo salvo yo. Estoy a punto de desmayarme.

15:37 PM

Intento desmayarme para no sentir nada más.

15:38 PM

Intento fallido.

15:39 PM

La nave empieza a caer rápidamente...

15:41 PM

Mientras caíamos al vacío he recordado la cara de mi familia, sus voces felices de saber que después de varios meses por fin iban a verme. Un sentimiento amargo me abruma. Pesar y tristeza. Puedo vislumbrar la figura del avión precipitándose sin remedio alguno, una forma imponente ahora frágil ante la inmensidad de la situación que afronta. Imagino el impacto en el suelo, el fuego, la histeria de los cuerpos de seguridad y emergencia y los gritos y llantos de dolor. No pensé jamás que podría morir de ésta manera, ¡joder! Si son los medios de transporte más seguros del mundo. Desearía no haber subido a este vuelo. Desearía no tener este trabajo. Desearía poder ver de nuevo a mi familia para decirles que no me dolió, que no tenía miedo aunque fuera mentira. Desearía haberme enamorado de Sebastian cuando me confesó sus sentimientos. No pude hacerlo, no soy gay, mas ahora desearía haberlo sido.

Oigo un sonido seco, luego ….silencio.

15 sept 2011

El Autobús

Me llamo Concepción, curioso nombre para una mujer de 30 años, soltera y sin futuro. Me dedico a limpiar: baños, cocinas, más baños con abundancia de heces y para cuando he terminado de limpiar eso, sigo con salones, comedores, habitaciones y vuelta a empezar ya que para cuando he llegado al final, el principio esta otra vez sucio.


Mi madre soñaba con que me convirtiera en modelo, actriz o cantante pero nada, absolutamente nada de esas profesiones me atraía, además ya era mala intentando engañar a mi madre cuando fingía que me dolía todo para no ir al instituto, como para dedicarme al mundo de la actuación. Cantando era un poco mejor, si se puede llamar así a una espiral de gallos y gallinas saliendo, cual bailarines por mi boca. Y bueno, como modelo estaba perdida, “ demasiado peso” solía decir mi madre.


En cualquier caso, era feliz, sin futuro pero feliz. Siempre tuve un hobby, si se le puede llamar así, me encantaba imaginarme la vida de las personas que viajaban conmigo en el autobús. Cada día veía a las mismas personas, con las mismas expresiones en la cara, repitiendo ropa cada dos o tres días y saludándose unos a otros con los ojos e imperceptibles movimientos de cabeza. No sé a ciencia cierta si lo hacían voluntaria o involuntariamente, el caso es que siempre se sentaban en los mismos sitios, incluso aquellos a los que no veía subirse, es decir, los que se subían antes que yo. Este era el orden:


En primer lugar, delante del todo, justo detrás del asiento del chófer, se sentaba una joven de no más de 22 años, si era mayor se conservaba muy bien. Era un poco lesbiana, al menos esa era mi sensación. Su ropa era algo masculina, igual que sus gestos y sus fugaces seguimientos de mirada cada vez que otra chica y/o mujer se subía al bus. Era muy mona: pelo rubio, ojos claros, delgada, una espalda algo amplia y una buena estatura.


Al verla me imaginaba a la típica lesbiana que va por la vida atemorizando a los demás, que se rodea de chicos con menos luces que ella para poder manipularlos y de esas que si la miras mal es capaz de que te da una paliza. También me la imaginaba sentada mucho tiempo delante del ordenador mirando fotos de tías con lascivia hasta que su cerebro, de tanta excitación, se quedara en estado de displicencia.


Justo al lado de ésta había una mujer mucho mayor, incluso mucho mayor que yo, de unos 40 ó 60 años. Estaba hecha una mierda. Llena de arrugas, pelo totalmente rebujado, ojeras hasta los tobillos y un jersey negro de cuello alto lleno de pelusas. No era una mujer muy amable, de hecho creo que nunca he conocido a nadie menos amable que ella. Recuerdo un día en el que una anciana que llevaba la muerte en la chepa y que estaba cargada de bolsas hasta la misma, se balanceaba como un columpio roto en el pasillo del autobús, la pobre vieja estuvo a punto de caerse y la señora que no era muy amable, la miro de reojo, puso cara de limón y dirigió su mirada hacia la calle. Ahora es cuando digo que yo me puse de píe para dejar sentar a la pobre mujer, mas cuando fui a ayudarla con las bolsas para traerla hasta donde estaba yo sentada, al llegar un hombre con sobrepeso se había adjudicado mi sitio.


A la señora de pocos amigos, me la imaginaba en la cocina, en un ambiente sombrío, con el marido en el salón bebiendo cerveza como un cosaco y gritándole para que le llevara el resto de alcohol que quedaba en la nevera. Mientras tanto ella le lanzaba injurias por lo bajo para evitar que él la escuchara y le pegara una paliza. También pensaba que sus ojeras se debían a las largas noches que pasaba intentando controlar las nauseas que le provocaba su ebrio marido, e intentaba encontrar la manera de llegar a final de mes con un único sueldo de mierda.


Había un par de muchachos que se subían en el bus a primera hora, con unas mochilas que tenían toda la pinta de pesar media tonelada cada una. Estaban un poco jorobados, seguramente por el peso que soportaban en sus espaldas. Eran increíblemente guapos, medirían 1,70 ó 1,80 eran morenos, uno más que otro, sin barros ni una barriga que sobresaliera por debajo de la camisa. A mí me parecía que estaban enamorados pero que no lo sabían. Sólo había que observalos con un poco de cuidado para darse cuenta: las miradas, las sonrisas de complicidad, como se miraban entre ellos cuando uno no estaba prestando atención. En fin, muchos detalles sólo al alcance de mujeres tan observadoras e intuitivas como yo.


A estos me los imaginaba teniendo sueños erótico-pornográficos, masturbándose pensando en lo que le harían a su amigo en el caso de que tuvieran la oportunidad, y llorando muchas veces por la falta de valor para dejar salir a la luz todo lo que había detrás de esas duras apariencias de chulos de barrio.


Y hay muchas más personas, cada cual con sus historias, todas inventadas por mí por supuesto, mas son muchas historias y personas para poder contarlas del tirón. Además que mi viaje dura únicamente 30 minutos y ya llevo casi 28 en esta nimiedad. Igual algún día os cuento el resto. Se me olvidó deciros que soy licenciada en filología hispánica pero con la cantidad de profesores que hay de lengua sueltos por ahí no he podido encontrar trabajo como docente. Soy feliz limpiando, a veces me pregunto quién es más feliz, si todos ellos que me impiden conseguir una plaza y que diariamente aguantan a niños y no tan niños impertinentes y ruidosos, o yo, que me dedico a limpiar la mierda de otros, a mi ritmo, y de vez en cuando aguanto a una jefa quisquillosa, de esas que se quejan por que hay polvo pero que no han cogido una bayeta en su vida. Si algún día conozco a un profesional de la enseñanza se lo preguntaré.


Me encanta subirme en los medios de transporte públicos, es mejor que leer un libro, siempre tienes historias nuevas que contar, te afrentas a situaciones pudorosas y bochornosas, te expones a que te empujen, te roben, te insulten... es algo magnifico. Si mi madre pudiera leerme el pensamiento se removería en su tumba llena de furia, una hija con esas ideas tan alejadas de las de ella se le antojarían inconcebibles. Pobre mujer.


He llegado a mi parada, si volvemos a coincidir en otra ocasión prometo contarte otra historia pero no te sorprendas si igual es la tuya, no olvides que soy una mujer muy observadora.



5 ago 2011

Todo lo que fue y la infinidad de cosas que nunca dije.


No recordaba con exactitud aquel día, ese en el que por primera vez nuestros ojos se encontraron reflejando una futura vida juntos. Fue como un reminiscencia, como una vida que ya habíamos compartido y que el destino se había encargado de volver unir en dos cuerpos diferentes pero al mismo tiempo tan idénticos como dos gotas de agua puras y cristalinas. Incluso he podido percibir ese aroma a brisa marina que preponderaba aquella tarde mientras paseábamos por la avenida junto al mar. También he recordado aquella pequeña calle tan diferente y llena de encanto, que parecía recortada de una revista de algún recóndito lugar nada parecido a esta pequeña ciudad. Ahí nos dimos el primer beso, uno que nos uniría y nos marcaría el resto de nuestras vidas. Algo nació en ese preciso instante, lo supe desde que le vi en carne y hueso, presentí que él sería el único, el inolvidable, el que traería consigo un torrente de nuevos sueños, sentimientos e ilusiones, él que se quedaría conmigo incluso si un día, como el que nos conocimos, no le tuviera conmigo.


Me enamoré desde que le vi, quizá suene arriesgado, como una partida de póquer en la que te juegas toda tu vida al azar, mas fue así. ¿Has tenido la sensación de un vacío tan inmenso que parece que se cierne sobre ti y te arrastra con él, paralizándote de arriba a abajo? Pues si la has experimentado quizá y sólo quizá seas capaz de entender un poquito ese cúmulo de sentimientos que me abordaban cada vez que le veía alejarse de mí. Cada despedida era un suplicio, nunca se lo dije porque presentía que él vivía lo mismo. Ese último beso de adiós, ese último roce de nuestras manos justo antes de separarse, esa incertidumbre de no saber si le vas a volver a ver mientas tu mente trabaja a toda marcha para guardar en lo más profundo esa imagen, ese momento.


¿Sabes? Muchas veces cuando estaba a su lado, en los momentos en los que ninguno de los dos decía nada, creo que nunca hizo falta pronunciar una mínima palabra ya que una caricia, una mirada rápida, un pequeño roce, nos ayudaban a recordar que todo lo que teníamos era cierto, era real, que estábamos el uno junto al otro y eso le daba a las palabras un matiz de estorbo, de nimiedad ante un amor tan grande, porque si las palabras no eran capaces se describir todo lo que significaba aquello, entonces no merecían la pena intentar expresarlas.


Nos hicimos muchos juramentos que como todo en la vida se esfumarían porque son sólo eso, juramentos banales y sin sentido, pero que en el mismo instante de pronunciarlos se convertían en algo inquebrantable, perpetuo.


Hoy he podido recordar muchas imágenes que creía olvidadas en la inmensidad del tiempo, como aquellas frente al televisor mientras veíamos y disfrutábamos de películas que para mí nadie podría vivir como lo hacíamos él y yo. Esa atmósfera de magia y complicidad que se creaba cuando el largometraje era de grandes romances y nos hacía recordar cuan grande era nuestro amor.


Es impredecible lo que nos depara la vida, de repente pensamos que lo tenemos todo y súbitamente nos damos cuenta de que realmente no tenemos nada, que todo lo que nos parecía importante y nos daba seguridad se ha esfumado cuando se pierde al ser amado. Después de eso mueres. Sigues respirando, asintiendo, moviéndote, mas sabes que en el fondo tu cuerpo se ha convertido en materia inerte, sin vida.


Hace ya mucho tiempo que le perdí, he vuelto a conocer a otros, he hecho mi vida con otros, pero siempre he sido suyo, desde el momento en que poso sus labios sobre los míos y me rodeo con sus brazos. No he vuelto a saber nada de él, mas eso me ha ayudado a mantenerlo siempre en mi mente, a imaginarme qué estaría haciendo en un minuto y lugar determinado, a soñar con lo que habría sido de nuestras vidas de haber seguido juntos, me ayudo a amarle y a confiar en que en mi próxima vida el destino se encargaría otra vez de cruzar nuestros caminos y, de esa manera, la espera se ha hecho más corta y llevadera. Dentro de no mucho mis ojos se cerrarán para no volverse a abrir, nunca he deseado algo con tantas ganas, y eso es únicamente porque sé que él está ahí, esperando por mi llegada, como yo he esperado desde su partida.





12 jul 2011

Palabras de despedida.


Probablemente estas sean las últimas líneas que consiga escribir, quizás estás sean las últimas bocanadas de aire que tomo y, seguramente, estas sean las últimas imágenes que vean mis ojos cansados por el implacable paso del tiempo.
Dediqué mi vida a contar todo cuanto se me pasaba por la cabeza, a describir situaciones de las que era testigo, a inventarme las más descabelladas y refutables circunstancias, todo ello con la intención de trasmitir sentimientos. Nunca supe si llegué a conseguirlo o no, mas nunca me importo. Ni siquiera me planteé el hecho de que fuera bueno en ello, sencillamente me dejaba llevar por mi mente y le permitía a mis dedos hacer todo el trabajo.
Surqué mares, escalé montañas, atrapé a grandes villanos, lloré pérdidas, me convertí en un nefasto y vil criminal, puede decirse que viví una vida sin igual, sin límites ni complejos. Todo esto sin subirme a un avión o cualquier medio de transporte. No necesite nunca la compañía de nadie, únicamente me acompañaba mi imaginación y mis ansias por conocer lo desconocido.
Y pensar que hace unos años odiaba leer y escribir, es que ni siquiera soportaba la idea de sentarme frente a una mesa con una máquina de escribir. “Una pérdida de tiempo” así solía referirme a esa situación, y es que crecer y hacerte mayor es algo mágico, la experiencia es el arma más letal y eficaz con la que cuenta una persona. Te hace sabio y ágil para esquivar los golpes que te depara el destino, y te da las palabras necesarias para poder narrarlos y compartirlos si así se desea.
Aquí dentro conseguí que me trajeran una máquina de escribir y una mesa donde ponerla. Esta muy vieja y un poco chueca, pero no me importa. Aprendí a amar los libros y a perderme entre sus páginas, a devorarlos y degustarlos como a un rico manjar. Gracias a ellos pude escapar de estas cuatro paredes que durante tanto tiempo me han mantenido prisionero.
Hoy por fin se ha hecho justicia, me han sentenciado a muerte después de muchísimos años de lucha en mi contra. Casi no consigo recordar cuantos. “Es una situación sin precedentes” eso me dijo mi abogado hace un rato. Pensé que me iba a afectar más escuchar el fallo del jurado pero sabía que tarde o temprano llegaría, al fin y al cabo privar a alguien de su vida es algo imperdonable.
Dentro de 5 minutos vendrán por mí y lo agradezco por que me ha dado tiempo de escribir esto como despedida. Gracias a todos aquellos que se implicaron conmigo y me permitieron publicar mis historias y gracias a todos aquellos que las leyeron. Gracias a los libros por enseñarme nuevos caminos y por darme experiencia y conocimiento y gracias a todos aquellos que lean éste mi último aliento.

6 jul 2011

HISTORIAS DE MILES DE CRISTALES ROTOS


Apenas contaba 15 años cuando ocurrió por primera vez. Aquella mañana, todo parecía ir bien. En la calle el sol brillaba con toda su fuerza, pero en el interior de su casa unas espesas nubes empezaban a cernirse vaticinando el comienzo de una gran tormenta, una que a lo largo de muchos años sólo le daría pequeñas treguas para luego caer con todas sus fuerzas.
Era poco más de las 12 de la mañana cuando su padre y la mujer de éste llegaron a casa, él se encontraba en su habitación cuando escuchó sus voces, y como de costumbre salió a saludarles. Se les veía bien contentos después de una noche de fiesta, así que regresó a su dormitorio para seguir con sus deberes. Pasado un rato escuchó la voz de la mujer de su padre llamándole, diciéndole que le ayudara a despertarlo ya que se había quedado dormido en el suelo del salón, desnudo, y no había ser en el mundo capaz de moverlo.
Se dirigió al salón para intentarlo pero sus esfuerzos fueron un auténtico fracaso. Su padre estaba en un estado de embriaguez absoluto y su cuerpo parecía un bloque de cemento de 100 kilos. Desistió y cuando estaba a punto de entrar en su habitación escuchó la voz de su padre gritándole para que se presentara ante él, y extrañado por la situación acabada de vivir volvió rápidamente al lugar del que acababa de salir. Al llegar, lo primero que vio fue a la mujer, enfurecida, dándole patadas al cuerpo tumbado de su padre, mientras éste le pedía que dejara de hacerlo. No lo hizo.
El joven rápidamente corrió para apartarla del lado de su progenitor y ayudar a levantarlo para detenerla, mas ya era tarde. La mirada de ella no era la de siempre, sus ojos sangraban furia, odio, y en un ataque de locura consciente arremetió contra los dos de la misma manera que un tsunami se abalanza contra un país. El placaje contra su marido fue bestial, una lluvia de puñetazos, arañazos e insultos tuvieron lugar en un abrir y cerrar de ojos. Las paredes se habían teñido con pequeñas líneas del color de un intenso vino tinto, el suelo se encontraba cubierto de aceite, platos y vasos rotos que la susodicha rompió contra el mismo, y el aire se encontraba impregnado de un insoportable olor a huevos procedentes de un cartón que yacía aplastado en el piso.
Entre el padre y el hijo consiguieron delimitar el campo de batalla al dormitorio de la pareja, en el cual la guerra ya había dejado su huella, dejándolos a los tres tirados en la cama. El padre, ebrio y abatido, intentaba conciliar el sueño mientras la mujer llevaba a cabo pequeños amagos de violencia, y el hijo trataba desfallecidamente de tranquilizarla aferrándola con fuerza para que aquella imagen destartalada, magullada y ensangrentada a causa de sus propios movimientos cesara en sus acciones. Él estaba cansado, asustado, al mismo tiempo que perplejo y golpeado, al fin y al cabo tan sólo era una chico al cual en menos de una hora le habían arrebatado su alegría, su inocencia.
Una vez que ambos, tanto el padre como su mujer, se encontraban durmiendo, él se dedicó a recoger los destrozos de la batalla, limpiando con esmero los restos de sangre, unos suelos afilados y resbaladizos y, por último, a llorar y curar sus heridas.
A veces las personas somos como un libro, nuestro cuerpo es la carátula , lo que las personas ven, lo que distinguen de nosotros, por lo que nos juzgan o prejuzgan, por lo que deciden acercarse o pasar de largo aunque realmente nunca lleguen a saber lo que hay en el interior, porque quizá, y sólo quizá, no lleguen a leerlo.
Unos días después, durante la posguerra, ambos contrincantes decidieron ceder en su terreno y regresar para buscarse nuevos cuarteles, a la espera de una nueva oportunidad en la que intentar rehacer lo perdido, buscar una reconciliación, y para tal fin utilizarían al joven que desempeñaría el papel de la ONU, con una diferencia, que a él nadie podría ayudarle, estaba solo.
Tras la separación, él se fue a vivir con una de sus tías, una de las mujeres de su vida y que jugaría un papel importantísimo en ella. La casa era una especie de ático, donde a la entrada lo primero que se podía ver era una alfombra verde, llena de juguetes, y que a él se le antojaba a un patio de recreo donde, cuando era más niño, daba rienda suelta a su imaginación y nada podía dañarlo. El lugar era acogedor, las paredes eran blancas y los muebles marrones y beige; al lado del salón estaba la cocina, separada de éste únicamente por una encimera. Era pequeño pero perfecto. Ese se convertiría en su hogar, en su paracaídas, pero nada es para siempre y unos meses después la gran reconciliación llegó y tuvo que dejar ese trocito de tierra donde todo era paz, marrón y beige, donde no había ningún color que tiñera su vida de oscuridad.
Una vez instalado en su nuevo “hogar” casi pudo olvidar lo sucedido durante la primera batalla, y los meses se tornaron tranquilos y amables, haciendo honor a la frase de: “después de la tormenta siempre llega la calma”, pero el que ha vivido una guerra, siempre lleva en su memoria cicatrices de ella, las cuales le atormentan en las noches de silencio, en las que en un ambiente de paz se puede saborear y percibir que de un momento a otro todo está a punto de cambiar, que la suerte no es siempre afortunada y que algo grande se aproxima sigilosamente.
El verano estaba llegando a su epicentro y el ambiente rebosaba alegría y color, todo era cálido y acogedor. En días como esos es difícil imaginar que algo pueda tornarse mal, volverse contra uno y derrumbar los cimientos que te llevan a la euforia, a la paz.
El hijo estaba en la cocina, cortando un pan para hacerse un bocadillo de nocilla, su favorito. La mujer estaba en su habitación, la cual estaba situada a la entrada de la casa. Su marido había salido la noche anterior y casi siendo el medio día aún no había hecho acto de presencia. Repentinamente apareció, su voz se escuchaba cansada y cascada como consecuencia de una noche de fiesta, y en forma de canon unas voces más agudas sonaban de fondo. Estas daban una sensación de enfado, de reproche, y súbitamente todo dejó de ser simples apariencias y sonidos, para convertirse en la representación de una novela negra.
La sinopsis que él guardó en su cabeza era la de: “En una calurosa mañana de verano, mientras el calor irradiaba alegría en las pequeñas y estrechas callejuelas de un barrio de tercera, un infierno se desataba en el interior de una vivienda; ella atacaba con armas blancas, gritos e injurias, el cabeza de familia se ponía a cubierto, en posición de defensa, y su hijo aguardaba expectante, con impaciencia de ver terminada la peor escena de la novela, viéndose reflejado en los cientos de trozos de cristal que se arremolinaban alrededor de un televisor que había terminado su vida rindiéndole homenaje a Albert Eistein y su Teoría de la Gravedad.”
Había pasado ya bastante tiempo desde que esa relación llegó a su fin, en la vida del joven las cosas empezaban a ir mejor, se encontraba en un momento de paz y felicidad, una que perdió antaño y se le negó, escurriéndosele de las manos con el mismo fascismo con el que se imponen las estaciones.
Como si de una temporada lluviosa se tratase, esas en las que las grandes tormentas dan tregua y se retiran para volver imparables y monstruosas, las nubes negras, abominables, le embistieron con fuerza, tambaleando su vida, sumiéndole en el más oscuro de los pozos, cortando cualquier manera de escape, atrapándole y dejándolo vulnerable, convirtiéndolo en una presa fácil de cazar. Ella había regresado.
En su barriga descansaba el fruto de un amor teatral, donde una dulce sonrisa y unas caricias banales representaban el telón que escondía la realidad, una que de saberse acabaría con la función, dejando sin margen de actuación y credibilidad a la frase “el show siempre debe continuar”. El muchacho se iba a convertir en el punto de referencia de un ser diminuto, inocente, aunque realmente siempre odió tener que asumir ese rol.
Durante los años siguientes vio su propia existencia reflejada en la vida de un sauce llorón en campo abierto, seco y sin hojas, sin lágrimas, en una perpetua estación invernal, que lo mantenía aislado y casi muerto, con la sensación de que nunca iba a terminar.
Su habitación pasó a convertirse en su santuario, era impenetrable, indestructible, un lugar donde era libre para vivir, para actuar, decidir aunque solo fuera durante pequeños períodos de tiempo. En aquella tranquilidad inviolable pensaba que gritaba para oídos sordos, que vivía en un hogar en donde las palabras y las promesas caían hondo, donde la incertidumbre se vestía de esperanza y, únicamente, era silenciada por el miedo. Sentía que la soledad era una mala compañía, mas ahora iba esposada a su mano. La tranquilidad siempre se quedaba en un plano aparte, por mentirosa y embustera.
Día tras día observaba como su padre descansaba enmascarando la tristeza de alegría, forzando sentimientos que no podían ser forzados, aguardando bajo su almohada el acero, ya que la locura de su amada podría desatarse con recelo y en tan sólo un segundo, una vida distinta tendría su punto de partida.
Al analizar esas situaciones se convenció a sí mismo de que el amor podría llegar a ser sordo, y muchas veces la sordera ciega, le hizo pensar que la estupidez nunca era buena consejera aunque, en ocasiones, el consejo más estúpido le habría abierto una puerta de salida, le habría otorgado una escapatoria, una vida paralela a la que había llevado hasta ahora.
Así pues, sin ningún cambio percibido a la vista, en la tenebrosidad de su habitación, un rincón oscuro, vacío, solitario y sombrío, estaba el abandonado joven, de pie, esperando. El mundo continuaba su cauce natural, la vida pasaba a través de interminables segundos, minutos, horas y los eternos y lejanos meses y años, y él seguía esperando. La lluvia emanaba de sus entrañas, una lluvia sin fin, sin sentido, una lluvia seca y vacía.
La mitad del tiempo la soledad le invadía, colmándolo de incertidumbre, de dolor, de desesperanza. Aquel con cuyos actos estaba destinado a salvar y proteger a su progenie, a librarla y ponerle fin a su sufrimiento, se veía desnudo y derrotado incluso antes de la batalla. Mientras él seguía esperando.
Su constante espera lo condujo al odio, uno tan profundo y puro, irrefrenable e incontrolable, falto de perspicacia e inteligencia, un odio visceral, dulce y agrio, que se convertiría en su compañero de viaje, en su refugio, en su razón de vivir. Se volvió un misántropo, un ermitaño de la oscuridad y lo siniestro, rechazó a la humanidad, así mismo.
Ya no era él, era otro, un ser paralelo que lo acompañó de la mano durante toda su vida, y al cual decidió rechazar e ignorar por ser despreciable y triste. Al fin ese otro “yo” le invadió e inexorablemente se apoderó de su vida, de todo su ser.
Su existencia era como una noche de tormenta, donde no hay luna que dé luz a esa densa falta de color, donde no hay estrellas que recuerden que la soledad nunca es en sí misma sola, que es fruto de unos ojos cerrados que se niegan a abrirse y a contemplar lo que les rodea y, sin darse cuenta, las parcas decidieron su destino dejándolo invisible, inexistente, en la nada.

13 jun 2011

Ausencias silenciosas


Creo que ya hace mucho que dejé de esperarlo, le echado tantísimo de menos. Aún ahora me duele al recordar todos aquellos momentos que juró pasar a mi lado, todas las promesas y planes futuros que hicimos juntos. Le amé y creo que le amo todavía y posiblemente le ame para siempre. Es extraordinaria y, sobre todo, sobrecogedora la capacidad que las personas tenemos para querer a otras, esa intensidad, esa fuerza que te embriaga y te absorbe, que te endulza y amarga, que te llena de vida.
Largos días pasé a oscuras, sin comer, llorando su ausencia. Nunca había sentido tanto dolor. Me sentía desgarrada y desbordada por el cambio radical de los acontecimientos de mi vida. Todo se vino abajo. Las noches ya no sólo eran oscuras, ahora eran eternas, sangrantes, punzantes.
Cada día, al alba, de mis ojos se escapaba una mirada ansiosa hacia la ventana, esperando a verle acercarse a la cancela y cruzar al jardín hasta llegar a la puerta. Incluso su precioso jardín se ha muerto de tristeza, él también le echa de menos. La misma escena se repite al final del día, cuando el sol oculta su rostro tras la sólida capa que aguarda a su llegada.
Hoy he encontrado su cara dibujada en mi mente, en un pensamiento que me ha abordado a traición. He salido corriendo a mirar a través del cristal desde el que le vi partir por última vez y he sentido que me desvanecía al comprobar que allí no había más que polvo y vacío, y silencio.
Desde la mañana que se fue, una en la que las nubes vestían el cielo de melancolía, he aprendido a odiar esos días en los que el sol hace acto de presencia y luego se marcha dejándolo todo envuelto en tinieblas. Cómo no iba a odiarlas si me recuerdan que ya no está y que nunca estará. Es ilógico tal vez, pero así es la simplicidad del ser humano. Y es inevitable, al fin y al cabo, una despedida nunca es alegre.
Hace un rato he apagado todas las luces para irme a la cama, he mirado a través de la ventana y creo que va ser la última vez que lo haga, ya es hora de dejarle marchar. Nunca llegué a decirle cuan importante fue para mí, ahora lo lamento. Cuanto le ame.


31 may 2011

Entre Rosas Rojas y Blancas.


FRAN

Cuántos pasos en falso he podido dar durante estos 25 años, desde que mi existencia se hizo material, desde que dejé de ser tan sólo un sueño para mis padres para convertirme en su realidad, en el epicentro a partir del cual construirían el resto de su vida. Fui feliz, pero, como todas las cosas, mi felicidad tuvo un final y creo que nunca llegué a saber a ciencia cierta la manera en que terminé del modo en que lo hice.

Me llamo Fran y fui un chico realmente dicharachero. Tuve todo cuanto quise y más aún, mas nunca me fue suficiente. Terminé el instituto y decidí licenciarme en Bellas Artes. Mi madre siempre me dijo que la carrera me venía que ni pintada, ya que siempre había sido un poco raro. Aunque nunca me lo dijo de esa manera, sus palabras eran las mismas cada vez que se mencionaba mi profesión: sensible y exquisito.

Tiene gracia la manera en que las personas le damos vueltas y más vueltas a cosas sencillas. Nos complicamos la vida intentando quedar bien con todo el mundo, tratando de ser amigo de todos y de gustarles a todos. A lo mejor ese fue mi error.

MIGUEL

Me llamo Miguel, aunque mis amigos me llaman Mike. Tengo 23 años y creo que no hay nadie más particular que yo, o quizá sí, pero aún no tengo la dicha de conocerle. Tuve una infancia sencilla en una familia proletaria. No me faltó de nada y de nada puedo quejarme, o quizá sí, pero nunca he tenido el valor de hacerlo. Mis padres no pudieron darme grandes lujos, mas sí mucho amor y seguridad.

Durante mi época en el instituto fui más o menos popular, aunque nunca me llegaron a importar ese tipo de cosas. La popularidad vino a mí por sí sola y yo le di refugio, ¿qué podría haber de malo en eso?

Fui afortunado de no nacer con un rostro y un cuerpo desgraciados. Casanova creo que era la palabra con la que mi padre, orgulloso, me describía. Y así fue, tuve a todas las chicas que cualquier adolescente con las hormonas disparadas puede tener. Como todo en la vida, eso cambió. Terminé por enamorarme de alguien inimaginable.

Un día, durante el mes de febrero, me encontraba caminando por los pasillos de la facultad de Bellas Artes y, en un momento en el que el silencio me arropaba, escuché unos sonidos que se me presentaron como leves susurros en un principio, pero que fueron in crescendo a medida que me aproximaba a su origen.

Al llegar me encontré con un chico de facciones frágiles, elegantes. Se quejaba en voz alta porque no conseguía encontrar la postura perfecta para la imagen de su cuadro. Se daba golpes con levedad en la cabeza utilizando su pincel, se le veía tenso. De repente se percató de mi presencia y sus movimientos violentos cesaron y su rostro se tornó avergonzado y sorprendido. Pasados unos minutos, sonrió y continuó como si allí no hubiera habido nadie. Yo seguí mi camino.

Pasados unos días, lo encontré otra vez en el mismo pasillo, mas ya no estaba tenso. Parecía apacible. Me saludó con un movimiento de cabeza a la par que se acercaba a donde estaba yo y se disculpó por su comportamiento del otro día, aunque yo le dije que seguramente yo habría hecho lo mismo si me hubieran interrumpido en un momento creativo. Me olvidé de mencionar que soy escultor. Empezamos a quedar y a compartir lo que hacíamos y, sin darme cuenta, me aferré a él de una manera especial. En principio pensé que era un “BROMANCE” pero, pasado algún tiempo, me di cuenta de que me había enamorado. Las cosas que pasaron posteriormente fueron inesperadas: empezamos a salir, nuestros familiares estaban encantados y realmente no sé qué pudo ir mal.

Fran siempre fue un poco oscuro y en un momento de debilidad y confesión me contó que le excitaba la idea del suicidio y que una vez quiso intentarlo, mas no tuvo el valor para llevarlo a cabo. Me sorprendió, no puedo negarlo. No le di más importancia, al fin y al cabo era un hecho pasado. Era peculiar y eso me encantaba.

FRAN

Debe de ser casi la hora, Miguel no debe de tardar mucho más en llegar. Hoy le voy a regalar un cuadro que terminé de pintar la tarde que le vi por primera vez. Todo ha sido felicidad desde que le conocí. Me ha hecho muy feliz y quiero que lo sepa, que no lo olvide, de esa manera no se culpará nunca por nada y en los momentos oscuros siempre tendrá un destello al que aferrarse. Todo está preparado. Es la hora del baño.

MIGUEL

¡Qué ansioso estoy, por favor! ¿Qué sorpresa me tendrá preparada Fran? Con él nunca se sabe. Su mayor virtud no es precisamente que sea un chico detallista. Por fin he llegado a su casa, sus padres no están. Uso la llave que me dio por nuestro primer aniversario. He de decir que no es detallista pero, cuando lo es, siempre me deja estupefacto. Entro y le llamo mientras camino por el pasillo con destino a su habitación. Me adentro en su mundo y, al no verle, me dirijo al baño. Empezar con una ducha desnudos promete una gran velada. Sexo y sorpresa. Perfecto.

Entro en el cuarto de baño. No puedo evitar llorar. Todo está iluminado con velas, en el suelo que bordea la bañera hay pétalos de rosas rojas y blancas. De fondo suena “ain’t no way” de Aretha Franklin. Y, en el centro de todo aquello, está él, sumergido en la bañera, y un cuadro yace a su lado. Me acerco a donde se encuentra, pleno de alegría, y le llamo. No obtengo respuesta….

No sé cuánto tiempo llevo sentado a su lado. Al verle inmóvil en la bañera le tomé la mano y me puse a su vera. Durante largo rato sentí cómo su cuerpo se enfriaba poco a poco, al mismo tiempo que mi corazón daba sus últimos alientos.

Cuando tuve las fuerzas para levantarme, cogí el cuadro y lo abracé con todas mis fuerzas. En una de las esquinas había una dedicatoria: “tú eras la imagen que tanto me costó pintar el día que nos conocimos. Eres mi mayor obra de arte. Gracias por hacerme feliz. Te amo”.

En ese momento mis ojos se secaron para siempre. Desde entonces no he vuelto a llorar. El dolor de su pérdida se bebió todas las lágrimas que tenía guardadas para toda una vida. Incluso ahora, después de tanto tiempo, su muerte sigue doliéndome. Creo que lo hizo todo a posta para que no lo olvidara nunca. Es que cuando Fran decidía sorprenderme, siempre me dejaba estupefacto.

24 may 2011

¿Marcha atrás?


¡Qué putada! Eso fue lo primero que pensé cuando me dí cuenta de que me había quedado preñada. Ahora debía pasar por todas esas incomodidades por las que he ido viendo vivir a cada una de mis amigas. Es que hay que ser imbécil.

Las náuseas, los vómitos, las patadas, tobillos hinchados… y un sin fin de cosas más. Me quedaban nueve meses por delante para hacerme a la idea de que iba a ser madre y de que mi vida ya no iba a volver a ser la misma.- “seguro que será maravilloso sentir cómo crece la vida dentro de mí” – me decía a mí misma mientras daba una infinidad de vueltas en mi cama. Pero quién iba a tragarse ese montón de mierda. Con 16 años es imposible disfrutar de algo así.

¡Joder, si es que hasta hace nada no me crecieron las tetas! Puedo acordarme del sufrimiento y lo humillada que me sentía cuando quedaba con mis amigas, las muy putas no paraban de decirme: “mira la pechos planos”.Malditas zorras, si supieran que nunca me han caído bien, pero no pueden enterarse, si no a ver a quién coño le dejó a mi hijo cuando quiera salir de fiesta. Eso es lo más importante, porque mi madre me ha dicho que apechugue, que ella no se va a quedar con mi hijo, que es un marrón mío que tengo que comerme solita por ser una inconsciente. Cuando me dio el coñazo con toda esa mierda, no podía dejar de llorar pensando en el Santi, el cabrón que me dejó en estado. La noche que le dije que estaba esperando un hijo suyo salió corriendo y nunca más he vuelto a saber de él. - “Es que no es lo mismo que hacerlo con condón” - me decía mientras yo yacía abierta de piernas esperando a que me echara un polvo. - “Que no se me pone dura” – llegó a decirme en otra ocasión.

Yo fui gilipollas por hacerle caso cuando me dijo que haría la marcha atrás. Me dejó mis partes como una calle donde acaba de nevar. Aunque bueno eso ya no importa a estas alturas, ahora únicamente tengo que concienciarme de que dentro de unas horas voy a sufrir como una perra.

“Tiene que dilatar un poquito más”- fueron las palabras de mi enfermera. Mientras me lo decía me entraban ganas de darle un par de ostias para que se callara. No paraba de llamarla zorra, creo que incluso se me escapó, porque desde ese momento dejó de ser tan amable como al principio.

Finalmente di a luz entre una multitud de gritos, insultos y sobre todo de sangre. Pensé que se me iba a ir la vida por el coño. Menos mal que no pasó nada más.

Ahora mientras tengo a mi hijo en mi regazo dándole de comer, siento que todo ha merecido la pena. La putada será que tendré que dejar de salir de fiesta, aunque bueno, nunca se sabe.
He decidido llamar a mi hijo Enrique, por mi padre. Mi viejo fue un gran hombre y seguro que hubiera llorado al ver a su nieto. Me hubiera gustado que estuviera aquí hoy. Mi madre no se ha separado de mi lado, creo que incluso está más emocionada que yo, al fin y al cabo no se es abuela todos los días.

17 may 2011

Cimientos Ficticios.


Ha pasado ya algún tiempo desde que le vi por primera vez, aunque no sé con certeza cuanto. Ese primer momento se aferró con uñas y dientes a mi memoria, mas cómo podría olvidarlo, cómo podría evitar no pensar que me perdí en lo más profundo de sus ojos claros, que en ese margen de tiempo acaricie su ser y lo hice parte del mío propio.
Le he vuelto a ver desde entonces y en silencio disfrutaba de su aroma y me regocijaba con el calor de sus roces involuntarios. Sin embargo, en mi interior siempre deseé que dejaran de serlo, que sus manos exploraran cada centímetro de mi cuerpo y poder sentir sus leves hálitos muy cerca de mi piel.
Cuando estaba cerca de él siempre supe y percibía que sus ojos buscaban los míos y, en ocasiones, me ha parecido que nuestras miradas se cruzaban efímeramente. Siempre de manera intencionada.
Creo que nunca podré saber si estaba o no equivocado.
He imaginado tantas y tantísimas cosas en las que siempre está presente, cómo no iba a estarlo, si forma parte de mi vida, si se ha adueñado de cada pensamiento que cruza mi cabeza, si cada letra de su nombre ronda insistentemente por mi mente dibujando su rostro y haciendo que se cuele cada vez más y más adentro.
Algunas veces me he topado soñando despierto y casi es como si lo estuviera tocando o viendo. Odio cuando pasa eso, porque al darme cuenta de cuál es la realidad, mi corazón se desgarra y una tristeza infinita me acuchilla sin darme tregua. En momentos como esos desearía poder dejar de desear, pero estaría deseando y entonces todo deja de tener sentido.
Siempre he pensado qué le diría si tuviera la oportunidad de hacerlo y la respuesta es siempre la misma: le besaría, le abrazaría y le miraría a los ojos para que pueda ver que todo mi ser lo espera con ansias, que deseo perderme en la inmensidad de sus ojos claros, y sentir sus labios sobre los míos, también le diría que deseo que me haga suyo, de todas las maneras existentes.
Son sólo sueños y anhelos que se quedan en nada cuando abro los ojos y es por eso que he decidido dejarlos cerrados para no tener que afrontar que sólo es fantasía, para que no duela no tenerle, así al menos podré disfrutar de su compañía y quién sabe, quizá y sólo quizá, algún día lo ficticio deje de serlo y los cimientos de un amor imaginario se conviertan en la más grande de las fortalezas.




2 may 2011

Silencios en la melodía del viento



Odio caminar solo por estos bosques, a cada paso que doy puedo sentir su aroma, puedo escuchar su voz en los silencios que componen la partitura de la melodía del viento, casi es como si pudiera tocarlo y sentir de nuevo sus brazos a mi alrededor.

Las hojas ya no están verdes, han comenzado a caerse. El frío está empezando a tomar todo el protagonismo y dentro de poco ya no podré volver a este sitio, sería un suicidio, aunque qué más daría que mi cuerpo se quedará inerte, si hace tiempo que mi corazón dejó de latir. Cuando haya pasado el invierno no volveré, ya no quedara rastro de él ni de cada recuerdo que construimos en la espesura de esta vasta extensión de árboles. Y eso no lo soportaría, al menos hoy podré despedirme y decirle adiós a él, a todo lo que vivimos bajo días de sol abrasadores.

La primera vez que lo vi fue hace cerca de 6 años, tendríamos 9 ó 10 años, no lo recuerdo con exactitud, nos hicimos muy buenos amigos. Todavía me acuerdo de nuestras aventuras imaginarias en el bosque, donde jugábamos a ser reyes de las miles de criaturas que habitaban allí, donde éramos invencibles y podíamos hacer lo que queríamos. Incluso llegamos a tener una guarida, era perfecta, nuestros padres nos ayudaron a construirla, era nuestro lugar favorito del mundo, mas él tuvo que irse y hasta este año no le volví a ver.

El reencuentro fue maravilloso. Apenas acababa de comenzar el verano y yo estaba a punto de adentrarme en el boscaje cuando de repente sentí que alguien venía detrás de mí, me giré y ahí estaba él de pie, saludándome con todo el entusiasmo del mundo, mientras la figura de mis padres y los suyos sonreían observando aquella preciosa escena. Nos dimos un fortísimo abrazo y desde ese momento supe que algo especial dentro de mí había sucedido, fue el roce de su piel y su voz, sin embargo creo que lo que de verdad me impactó fue el color de sus ojos, eran grises, con algunos destellos de un azul muy intenso. En ese momento me perdí en su mirada. Creo que él se dio cuenta de ello.

Desde entonces nos veíamos día tras día, y siempre nos encontrábamos en nuestra guarida, aquella que hace unos años nos sirvió de patio de recreo, de escenario de grandes proezas ficticias, y que en tiempo presente, fue el testigo de nuestra pasión, de nuestras hormonas, pero esos momentos son míos y nunca nadie los sabrá, están guardados en un baúl en lo más profundo de mi mente, donde ninguna persona podrá entrar o enterarse. Son nuestros y así será para siempre.

Tengo frío y será mejor que regrese a casa si no dentro de poco no podré volver, la niebla lo habrá cubierto todo y no me apetece nada que mí lugar más preciado se convierta en mi mayor pesadilla. Es curioso contemplar las cosas cuando apenas quedan atisbos del sol en el cielo, todo es siniestro, oscuro incluso da miedo. Es extraño pero me gusta. Mientras parpadeo puedo escuchar las voces que emite el silencio y perderme en cada susurro, es como si pudiera acariciar el viento, sentirlo y no únicamente tener la sensación de que se escurre a través de mis dedos. Es como si el bosque tuviera vida, casi puedo ver como mis plebeyos imaginarios marcharan tras de mí, acompañándome para darme la despedida. Me doy la vuelta para ver si están ahí pero no hay nadie, sólo quedan momentos vividos. Sigo mi camino dejándole atrás, si no lo hago me quedaré yo también y mis ojos se han secado. Ya no tienen lágrimas que derramar.



19 abr 2011

Afrodita, libido y pasión.


Una belleza sin igual se presentó ante mí, nadie me avisó de que podría pasar eso. Era una inalcanzable, cegadora, hermosa por su exquisitez, embriagadora por su tez, la culpable de despertar mi libido, mi ansia por poseerle, por sentirle, por degustarle.
Se me apareció con un jersey rojo, ojos claros, unos en los que dependiendo de la luz que le diera en el rostro, te permitía contemplar el mar a través de ellos. Sonrisa perfecta, al menos para mí, para él, el tiempo sería el encargado de corregir el desperfecto. Su amplia espalda y su torso se convirtieron en mi fantasía, en mi deleite. La primera vez que le vi semidesnudo, los pensamientos más impuros y pudorosos acuchillaron mi mente. Su voz resquebrajo mi conciencia, cambió por completo el color de mi vida, me enloqueció.
Ahora es mi Dios, mi afrodita, mi templo, mi perdición, sueño con sus besos, sus manos, las anhelo y las imagino en las más descaradas y bochornosas circunstancias. Lo añoro mío, me añoro suyo. Siento que mi cuerpo no es el mío, que mi mente se trastorna, haciéndome ajeno a su control. Es inevitable. Y, realmente, no soy yo, sino él, su belleza cegadora y, también, mi libido, que se dispara, mi esencia animal que ruge, mi naturaleza que se vuelve indomable. Le deseo.




27 mar 2011

Nanas que nunca fueron cantadas.

¿Alguna vez has sentido como todo tu mundo se detiene? O cómo las paredes se te echan encima reduciendo tu espacio vital a la nada, aplastándote y oprimiéndote hasta dejarte sin aliento, si lo has sentido, entonces sabrás de lo que te hablo.

Me llamo Fátima y tenía una vida perfecta, con el novio perfecto, la casa perfecta, en fin, todo era inmejorable e insustituible. Mi relación con él era la mejor, a veces cuando miraba su ojos del color de las avellanas, sentía que era mi alma gemela y, en ocasiones, un mirada bastaba para saber lo que pensábamos, éramos cómplices, amantes, un roto para un descocido. Así fue durante casi 14 años. Con el tiempo llegó nuestro primer hijo y ahí comenzaron los problemas.

El día que supo que estaba esperando un hijo suyo, su mundo se vino abajo, parecía como si le hubieran cortado las alas, su rostro se tornó triste y desconocido. Durante los siguientes nueve meses, casi no paraba por casa, no me miraba, ya ni siquiera me hacía el amor o me besaba y me decía cuanto me quería, como solía hacer antaño. Cuando por fin di a luz, no apareció por casa durante cinco días, y en el momento de hacer acto de presencia llegó borracho, mal encarado, con lágrimas en los ojos gritándome, diciéndome que por mi culpa todo su mundo y sus sueños, sus planes para nosotros se habían desintegrado, que yo terminé con nuestra relación perfecta en nuestro mundo perfecto. Eso no fue lo peor que sucedió esa noche.

Logró dormirse y yo conseguí tener la esperanza de que con el tiempo cambiaría de opinión, que cuando contemplara el fruto de nuestro amor, se arrepentiría y todo regresaría a la normalidad, ¡que ilusa fui!

Esa misma noche, cuando todos descansábamos, y digo todos porque mi madre se instaló en casa para quedarse una larga temporada, él se despertó y se llevó a mi bebé. Ninguno nos dimos cuenta de en qué momento pudo hacerlo y tampoco llegamos a imaginar, ni tan siquiera, que pudiera moverse con semejante estado de embriaguez. A la mañana siguiente, cuando me desperté a darle un beso a mi hijo y alimentarle, descubrí su cuna vacía, aunque todas sus cositas aún estaban en la habitación. Mi corazón me gritaba angustiado.

Corrí a la habitación de mi madre, pensando que igual ella lo tendría, intentado desde su primer mes que la primera palabra que dijera fuese “abuela”. Ella no lo tenía. Bajé las escaleras tan rápido como me permitieron los puntos de la cesárea y entre en el salón como alma que lleva el diablo, y donde anoche mi marido yacía dormido, ahora solo quedaba la peste a sudor y whisky.

Desde entonces no hay día ni noche en la que no piense en mi bebé, en lo grande que debe de estar ya, es lo normal cuando se cumplen 15 años. Seguro que es todo un hombrecito. Nunca he querido ni podido imaginarme que no llegó a su primer mes de vida, cómo habría podido hacerlo, hubiese muerto de agonía. La policía los buscó durante casi 9 años, pero finalmente se rindieron y a mí ya no me quedaban fuerzas, creo que inconscientemente sabía a lo que atenerme y por eso deje de luchar, aunque como dije antes, nunca lo acepte.

Creo que ya es hora de dejar de escribir, debe de ser muy tarde porque han apagado las luces mas quién las necesita cuando se lleva inscrita la historia en la memoria. Siempre quise decir algún día extremadamente feliz que la vida era tan maravillosa que no parecía la vida. Nunca pude.

24 mar 2011

Grandilocuencia.



Él siempre fue especial, en todo el sentido de la palabra. Mientras contemplaba la inmensidad del mar que se extendía a lo largo de la Playa de Bolonia, y disfrutaba de un gran porro de marihuana y de un termo con té clásico con leche y extra de azúcar, pensaba en las 1001 cosas que nos rodeaban, que pasaban por nuestra vida sin apenas prestarles atención, mientras le buscaba una explicación a su existencia, a todo lo que le acontecía, deleitado con la formas, colores y pequeños detalles en los que nunca se fijaba. Siempre mirando al cielo, buscando su fusión con el mundo, con el universo. Siempre fue especial.

Nunca llegó a obtener respuestas claras, vagó por la vida según sus instintos, huyendo cuando se sentía presionado por sus compromisos adquiridos, relajándose cuando su corazón y su mente colaboraban para darle estabilidad efímera, consciente y deseada. El amor no jugó un papel más en su vida, fue importante, pero más lo era su libertad, su filosofía de vida, que consistía simplemente en vivir. Siempre fue especial.

Fue único, fue amado y valorado, inolvidable para todos los que le conocieron, intachable de cualquier agenda que te permitiera seguir localizándole porque siempre fue especial, y como tal, nunca nadie le quería lejos, siempre cuanto más cerca mejor.

Ahora no tiene hogar fijo, es un ciudadano del mundo, de toda cultura y toda raza, ya ha pasado mucho tiempo desde que le conocí y aún, cuando me acuerdo de él, puedo imaginármelo con un porro en la mano, sonrisa radiante y acogedora en la cara, y esos ojos que tanta paz y cordura trasmitían. Nunca fue un loco que dio tumbos durante una vida sin sentido, únicamente fue eso, especial.





18 mar 2011

Ciega Soledad.


En la tenebrosidad de su habitación, un rincón oscuro, vacio, solitario y sombrío, allí estaba él, de píe, esperando. El mundo continuaba su cauce natural, la vida pasaba a través de interminables segundos, minutos, horas y los eternos y lejanos meses y años, y él seguía esperando. La lluvia emanaba de sus entrañas, una lluvia sin fin, sin sentido, una lluvia seca y vacía.
La mitad del tiempo la soledad le invadía, colmándolo de incertidumbre, de dolor, de desesperanza. Aquel con cuyos actos estaba destinado a salvar y proteger a su progenie, a librarla y ponerle fin a su sufrimiento, se veía desnudo y derrotado incluso antes de la batalla. Mientras él seguía esperando.
Su constante espera lo condujo al odio, uno tan profundo y puro, irrefrenable e incontrolable, falto de perspicacia e inteligencia, un odio visceral, dulce y agrio, que se convertiría en su compañero de viaje, en su refugio, en su razón de vivir. Se volvió un misántropo, un ermitaño de la oscuridad y lo siniestro, rechazó a la humanidad, así mismo.
Ya no era él, era otro, un ser paralelo que lo acompañó de la mano durante toda su vida, y al cual decidió rechazar e ignorar por ser despreciable y triste. Al fin ese otro yo lo invadió e inexorablemente se apoderó de su vida, de todo su ser.
Su existencia era como una noche de tormenta, donde no hay luna que de luz a esa densa falta de color, donde no hay estrellas que te recuerden que la soledad nunca es en sí misma sola, que es fruto de unos ojos cerrados que se niegan a abrirse y a contemplar lo que les rodea y, sin darse cuenta, las parcas decidieron su destino dejándolo invisible, inexistente, en la nada.

Jearci Brown

Jearci Brown
Hoy han de llover estrellas porque no he de llorar por penas, hoy te haré el amor? yo, el enamorado poeta con letras de mil poemas mientras el sol paga su condena.

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